
A Hélène le gustan los viernes. Piensa que son días geniales para empezar cosas, sobretodo cuando se tiene ganas de empezarlas.
Hélène ha decidido comenzar algo nuevo precisamente este viernes. Y lo ha decidido porque hoy será un gran viernes. Y será un gran viernes porque el sol brilla, se siente primavera desde ayer por la tarde y porque le han regalado un libro. Y también porque ella ha regalado un libro y porque esta tarde tendrá otra tarde de hermanas.
Sin embargo, Hélène está confusa. No le gusta que su jefa y su escritora favorita se llamen igual. Y no le gusta buscar sin saber qué busca porque eso le hace sentir miedo a no encontrar. Lleva muchas noches buscando en los días, y sin embargo no es feliz por algunas razones. Hélène está tan confusa que tiene calorfrío.
Hélène ha decidido comenzar algo nuevo precisamente este viernes. Y lo ha decidido porque hoy será un gran viernes. Y será un gran viernes porque el sol brilla, se siente primavera desde ayer por la tarde y porque le han regalado un libro. Y también porque ella ha regalado un libro y porque esta tarde tendrá otra tarde de hermanas.
Sin embargo, Hélène está confusa. No le gusta que su jefa y su escritora favorita se llamen igual. Y no le gusta buscar sin saber qué busca porque eso le hace sentir miedo a no encontrar. Lleva muchas noches buscando en los días, y sin embargo no es feliz por algunas razones. Hélène está tan confusa que tiene calorfrío.
2 comentarios:
Hermana Hélène,
No busques...encuentra :***
Hélène se despertó una mañana radiante, en un mundo donde los rayos del Sol primaveral se ensombrecián entre mastodontes de cemento y praderas de alquitrán.
Un mundo donde los piratas ya no podían llevar a cabo su función romántica, porque ya no era la armada británica quien los perseguía surcando el Caribe, sino todos los ejércitos del mundo civilizado.
Ya no eran cartas de navegación y mapas marcados con una X, sino satélites y radares ineludibles.
Hélène se despertó y brotaban las lágrimas porque ese mundo no era el suyo. Pero... ¿de quién es ese mundo?
Buscaba respuestas sin conocer las preguntas. Pero... ¿eran necesarias las preguntas?, quizás tenía que dar las respuestas al viento como quien da ardillas a las nueces.
Hélène se resistía a levantarse de la cama y se aferraba a las sábanas que la protegían. Y sentía su espíritu atrapado. ¿No era ella misma quien lo aprisionó?, ¿No eran todas esas preguntas las que le impedían salir volando?
Barba Azul en este mundo acabaría como una nasa olvidada en la arena de una playa. Con sus redes rotas, ya no podría atrapar sueños. Ya sólo retenía la memoria de destellos que resplandecen y crean dibujos maravillosos sobre la superficie del mar.
Hélène tenía las respuestas y le sobraban las preguntas. Pero su mundo se transformaba y los satélites y radares empezaban a cercar su espíritu.
... pero el Sol seguirá trazando sus destellos sobre el mar hasta que vuelva a desear bañarse entre ellos...
para Hélène.
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