viernes, 1 de mayo de 2009

Aprendizaje o el libro de los placeres


Hélène comparte muchas cosas con Lori. Fundalmente dos: el gusto por los baños en el mar a las 6 de la mañana, y que ambas viven a causa de una estrechez en el pecho, la vida.

Hélène, como Lori, está triste. Pero no es una tristeza difícil. Es una tristeza de nostalgia. Se sabe sola, con la eternidad delante y detrás de ella, porque para su ser humano, lo natural es estar sola.

La dificultad de Héléne y Lori es ser lo que son, montes infranqueables en su propio camino. El dolor de vida, porque el hecho de vivir les genera dolor, les hace buscar algo que desconocen. Y ese dolor de vida ha adquirido la forma de no poder esperar más sin angustia, encontrar. Lori y Hélène son animales atrapados en un cepo. Sus movimientos histéricos tienen intención de liberarlas de la cosa ignorada que les apresa. Y es el desconocimiento de ese movimiento único, liberador y exacto, lo que les vuelve histéricas.

Sin embargo Hélène y Lori, en los momentos en que pueden hacer desparecer el dolor, cuando sus corazones son tan grandes que laten por todos sus cuerpos, saben que un día serán el mundo con su impersonalidad soberbia contra su extrema individualidad de personas.



Ella, temiéndose lo mejor, recomendó a Hélène esta maravillosa obra de Clarice Lispector. Y acertó de lleno.


2 comentarios:

me temo lo mejor dijo...

Sabía que te gustaría :)

Estaba claro que ese libro estaba escrito también para ti.

'Millones de personas no tienen el coraje de por lo menos prolongarse un poco más en esa cosa desconocida que es sentirse feliz y prefieren la mediocridad.' Yo tengo coraje. Y sé que tú, Helene tambien :*

Tamino dijo...

La angustia que sentimos es el vértigo de la libertad. Como escribió alguien, una vez... Si consigues el valor para desafiar a tu mirada, verás en tus ojos como los muros de la torre de marfil se derrumban para siempre.