sábado, 16 de mayo de 2009

Water and dust


Ayer Hélène se sintió triste. Así que abrió todas las ventanas de su casa y se pintó los labios. Hélène también puso uno de sus discos favoritos mientras barría y sacudía algunos fantasmas por el balcón. Después, se comió uno de sus chicles de menta. Mientras sentía que el picor despejaba su nariz hasta hacerle abrir la boca, Hélène se dio cuenta de que las lágrimas caían por sus mejillas al mismo ritmo que la batería de la canción en la que dicen algo así como Yo nací para adorarte.

Hoy Hélène ha abierto los ojos rodeada de un espeso aire con olor a tabaco, y una espesa sensación en la cabeza. Hélène ha vuelto a abrir las ventanas con la convicción de que esta vez tampoco funcionará. Después ha puesto la cafetera en el fuego a sabiendas de que su resaca no es de las que se quitan con café y aspirinas.

Hélène, antes de seguir descubriendo que sus propias cicatrices aún son heridas que no han cerrado, ha vuelto a poner uno de sus discos
favoritos, ese en el que dicen algo así como Aún hay demasiados sueños que no han visto la luz.

3 comentarios:

me temo lo mejor dijo...

Hay demasiados sueños que no han visto la luz...demasiados.

änimo Hélèn.

daniel dijo...

Igual aún no han visto la luz, pero seguro que la irán viendo poquito a poco :)

Unknown dijo...

Joder rica que pesadita que estamossssss.....no? Escribeme algo alegre y te lo comento la primera :)

ala zorrilla....