
Hélène está totalmente convencida. En ella todo no puede ir bien al mismo tiempo. Sin embargo, sí puede apañárselas para que todo en ella vaya mal.
Hélène es plenamente consciente del sentido de todos sus actos, y plenamente consciente de que luchar contra la voluntad de algunos de estos actos, es totalmente imposible. Hélène odia comer sin hambre, aunque no pueda evitarlo. También odia no poder demostrar algunas cosas que lleva dentro, porque su sentido de supervivencia le ha enseñado a hacer todo lo contrario.
Hélène odia algunas de sus formas de ser, pero no puede evitar ser en algunas de sus formas. Y sobretodo odia no poder explicar e incluso no poder entender algunas de estas formas.
