
Hélène pasa las horas necesitando. No puede siquiera respirar sin que en cada molécula de oxígeno haya una parte de esa necesidad que últimamente lo cubre todo.
Por todos es sabido que Hélène adora los acentos. Pero ese acento en concreto no lo adora, lo ansía.
Mañana, tarde y noche Hélène te piensa. Y se piensa. Y os piensa. Piensa un día de emes y pes. Un día de presencias y acentos. Un día de formación y de fotos desenfocadas, o no. Da igual. Un día de muchos "yo también a ti".
Hélène no deja de pensar.
En ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario