
Hélène acude últimamente a fingidos funerales, en los que se deja ver mientras ojea nerviosamente su reloj, como si el tiempo hubiese empezado a perseguirle.
A veces Hélène se pregunta la razón por la cual ha llegado a esta situación en la que nunca se había sentido tan pequeña. Tan pequeña como las pequeñas gotas de agua que condensan desde su aliento en el cristal del coche que le devuelve a su estrecha existencia.
En su mundo sin héroes ni besos que terminan por tener sabor a nada, Hélène da rienda suelta a sus delirios y a noches de escalofríos en el suelo.
1 comentario:
Hace ya algún tiempo, paseaba por la playa en compañía de la dulce y leal melancolía. Ante mí apareció una gaviota. Inmóvil, yo la observaba. Inmóvil ella observaba el lugar donde el Sol se escondía. Las agujas de mi reloj se habían detenido. El Sol se suspendía sobre el horizonte. Yo era parte del Mar. Una ola más que venía a descansar a la orilla.
Estoy seguro de que Hélène ha disfrutado miles de momentos así a lo largo de su estrecha existencia...
http://www.youtube.com/watch?v=Gzt-QcglEh8
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